Semana Santa en Oaxaca

Procesión del Silencio

La procesión del Silencio va tomando año con año, un fuerte arraigo entre las celebraciones de la Semana Santa en Oaxaca. Hace 14 años, en la parroquia de la Sangre de Cristo se reunieron por primera vez para organizar esta procesión el padre Pedro Osorio, la señora Ana Bravo Vasconcelos, el maestro osé Humberto Palancares y el Sr. Carlos Ocampo Prieto; cada uno expuso sus ideas, la soledad y la quietud de las hermosas calles coloniales con su atmósfera señorial hacían pensar si sería posible hacer realidad un sueño, lograr algo que pudiera ser para el futuro contricción de los cristianos, curiosidad de los extraños revivir algo que hace cientos de años se realizaba y que ahora al rescatarlo pasaría a la lista de las celebraciones de Semana Santa en Oaxaca.


VIERNES SANTO

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El Viernes Santo constituye una las fechas más trascendentales de las celebraciones de la Semana Santa. El Viernes Santo es el segundo día del llamado Triduo Pascual, un periodo durante el cual la liturgia católica conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. En esta fecha se recuerda la muerte de Jesús en la cruz, para salvarnos del pecado y darnos la vida eterna.
Jesús murió a los 33 años y a las 3 de la tarde. En Viernes Santo no se celebra la eucaristía, en su lugar, se celebra por la tarde la Liturgia de la Pasión del Señor. A ser posible cerca de las tres de la tarde, hora de la muerte de Jesucristo. Es un tiempo de conversion con Dios y de recogimiento familiar. Durante este día los fieles también se abstienen comer carne, en su lugar se preparan platos a base de pescado.
Es uno de sus días más destacados de la Semana Santa en donde son numerosas las manifestaciones de devoción popular con rezos del “vía crucis” en las iglesias y procesiones en recuerdo del drama vivido por Jesucristo en el Calvario.

PROCESIÓN DEL SILENCIO EN OAXACA

La procesión del Silencio lleva un orden programado: primero la cruz y los criales que preceden a toda la procesión; después los estandartes bordados en plata o en oro, portando relicarios con Antigüedad que los convierte en piezas de museo, siguiendo las damas de la Tercera Orden de Santo Domingo, acompañando al señor de la Columna, hermosísima talla del siglo XVII que se venera precisamente en este Templo. A continuación un hombre con los pies descalzos, encapuchado, cubierto tan solo con un taparrabo carga una cruz muy grande y pesada; siguiéndole va la Cofradía de las Siervitas, damas de la Virgen de Dolores, pertenecientes al Templo del Patrocinio, todas en riguroso luto acompañando a la Santísima Virgen, cargada en andas por otros penitentes también encapuchados.

Al final de la procesión, veinte enormes lanzas adornadas cada una de ellas con motivos de la pasión del señor (la corona de las espinas, los tres clavos, la sábana santa, etc.), éstas son portadas por la otra Cofradía, escoltando la hermosa escultura de la Preciosa Sangre de Cristo que se venera en el templo del mismo nombre.

El día de la Procesión del Silencio participan gente de nuestro pueblo, mujeres sencillas envueltas en sus negros rebozos, fervorosas, anhelantes de ir en la procesión, damas enlutadas con un aire de religiosidad que las engalanan niños, jóvenes, señores, turistas de varias nacionalidades que observan todo respetuosamente, se unen al misticismo que en el aire se esparce.

Todos con una vela forman una extensa valla que da más realce a la Procesión. En los rostros de los asistentes se reflejan los más diversos sentimientos: la fé, la veneración, la curiosidad,, el descubrimiento de lago distinto, diferente.

El silencio es total a pesar de la multitud. La chirimía y el tambor con su ritmo ancestral, rasgan el silencio tristemente y así comienza la procesión. Se inicia la caminata, lenta, ordenada, fervorosa, silenciosa, con un respeto poco usual . A la luz de los faroles coloniales, las esculturas toman vida al movimiento que los penitentes dan a las andas que los sostienen. En 1986 se puso la primera piedra en el rescate de una tradición legada por los dominicos hace cientos de años.
Investigación: Doña Hortensia Vázquez de Lira.

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